29 y 30 DE SETIEMBRE 2017 CONVENCIÓN NACIONAL DEL CEN DEL SUTEP. ¡POR EL FORTALECIMIENTO Y UNIDAD DEL MAGISTERIO
SUTEP LA LIBERTAD: 20 de enero. Cuando los ríos cargan. El río corriendo a su destino. Folios de la Utopía.

sábado, 19 de enero de 2013

20 de enero. Cuando los ríos cargan. El río corriendo a su destino. Folios de la Utopía.

De: <dsanchezlihon@aol.com>
Fecha: 19 de enero de 2013 16:54
Asunto: 20 de enero. Cuando los ríos cargan. El río corriendo a su destino. Folios de la Utopía.
Para:


 
 
 
 
 
CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
Construcción y forja de la utopía andina
 
2013 AÑO
EVANGELIO VALLEJO DE LA SOLIDARIDAD
Y UNIVERSALIDAD DEL MUNDO ANDINO
 
ENERO, MES DE LA DEFENSA DE LIMA
DEL NACIMIENTO DE ARGUEDAS, HERAUD
Y LOS PARADIGMAS DE MACHUPICCHU
 
PRÓXIMAS ACTIVIDADES
DE CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
 
XIV CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
TELÚRICA DE MAYO, 2013
POR LOS CAMINOS DE VALLEJO
LIMA, TRUJILLO, SANTIAGO DE CHUCO
 
14 Y 15 DE MAYO EN LIMA
16 DE MAYO EN TRUJILLO
 
17,18 Y 19 DE MAYO
EN SANTIAGO DE CHUCO
 
UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN MARCOS
UNIVERSIDAD NACIONAL DE TRUJILLO
INSTITUTO DE ESTUDIOS VALLEJIANOS
MUNICIPALIDAD PROVINCIAL DE SANTIAGO DE CHUCO
 
 
NOCHE
HECHIZADA
DE SERENATAS
 
DESPUÉS DEL SEGUNDO CONCIERTO DEL FESTIVAL TRILCE
DE LA CANCIÓN, LA POESÍA Y DANZA ANDINA, SE INICIA,
EL SÁBADO 18 DE MAYO, ACOMPAÑADOS DE GUITARRAS,
CHARANGOS Y PANDERETAS, LA NOCHE DE SERENATAS.
 
PARA ESO, DESDE LA PLAZA DE ARMAS, Y CADA VEZ MÁS
MULTITUDINARIAMENTE, ENRUMBAMOS POR LA CALLE
LUIS DE LA PUENTE UCEDA, CANTANDO Y BAILANDO, HACIA
EL BARRIO SANTA ROSA Y SAN JOSÉ, DETENIÉNDONOS
EN ALGUNOS PUNTOS PARA ENTONAR EVOCADORAS Y
TIERNAS CANCIONES, PARA LUEGO SUBIR AL CHORRO
DE PICHI PACCHA, DONDE SE UBICAN LOS HOTELES EN
LOS CUALES SE ALOJAN LA MAYORÍA DE DELEGACIONES
ASISTENTES A LA TELÚRICA DE MAYO Y A CUYAS DAMAS
DIRIGIMOS LAS ENDECHAS DE IDENTIFICACIÓN Y TERNURA.
 
PERO TAMBIÉN NOS INSPIRA LA LUNA, A ESA HORA
PRESENTE Y ARREBOLADA, LAS ESTRELLAS QUE TITILAN
EN EL FIRMAMENTO, EL LUCERO DEL ALBA QUE BRILLA
EN EL HORIZONTE, EL CERRO ANDAYMARCA QUE ESTÁ
AL FRENTE, Y EN DONDE HAREMOS AL AMANECER DEL DÍA
SIGUIENTE, ¡U HOY PUESTO QUE ESTAMOS DE AMANECIDA!,
EL SALUDO AL SOL Y EL PAGO A LA TIERRA, O AL CERRO
QUILLAHIRCA EN CUYAS FALDAS ESTAMOS AHORA
DETENIDOS, ENTONANDO HERMOSAS CANCIONES.
 
EL AÑO PASADO ENCUENTRO EN LIMA AL POETA DE CHILE
ALFRED ASÍS, Y QUIEN PUBLICA EN SU PÁGINA WEB UN
DIPLOMA QUE DICE: "GRACIAS CAPULÍ. NUNCA FALTARÉ
A LA CITA DE CADA AÑO" Y LO ESTÁ CUMPLIENDO PUESTO
QUE ESTE AÑO ASISTIRÁ CON UNA AMPLIA DELEGACIÓN
DE POETAS DEL MUNDO, Y ENTONCES LE PREGUNTO
EN PLENA CALLE: ALFRED, ¿QUÉ ES LO QUE MÁS TE
GUSTÓ DE CAPULÍ? Y ME DICE: ¡TODO! PERO SI TENGO
QUE SEÑALAR DOS HECHOS: EL RECIBIMIENTO Y LA NOCHE
DE SERENATAS, AMBOS INOLVIDABLES, CONMOVEDORES Y
EXTRAORDINARIAMENTE MÁGICOS, QUE INSPIRAN VOLVER.
 
 
Teléfonos Capulí:
420-3343 y 420-3860
99773-9575
 
 
 
*****
 
CALENDARIO
DE EFEMÉRIDES
 
20 DE ENERO
 
CUANDO
LOS RÍOS
CARGAN
 
FOLIOS
DE LA
UTOPÍA
 
EL RÍO
CORRIENDO
A SU DESTINO
 
Danilo Sánchez Lihón
 
1. El mar
insondable
 
Resoplan los caballos y se hacen más intensas las luces en los débiles e ínfimos faroles que tratan de encender las luciérnagas.
Se detienen una a una las sombras que hacen las acémilas y las personas que van montadas sobre ellas. El peón mayor luego de un rato de silencio, dice:
– Ha crecido mucho el río, niña. –Y en su voz hay aquel sopesar los asuntos de la vida y el destino desde el fondo y la raíz de donde nacen. Y su mirada, o sus oídos, se pierden en la superficie y hondura de las aguas.
– ¿No estaba así cuando viniste? –Le inquiere mi abuela Rosa, madre de mi madre.
– No; en la tarde cuando pasé no rugía ni había cargado tanto.
En el silencio de la noche el río, que se extiende al frente, es un rumor sordo, profundo y misterioso.
Mucho más al saber y pensar que estas aguas han pasado y todavía pasarán por otras comarcas a encontrarse con el mar incógnito e insondable.
 
2. Mucho
más allá
 
Las mulas se agitan, levantan sus cabezas y hacen brillar en la noche sus ojos de vidrio vivo y asombrado, en donde se reflejan algunas luces que no están en ningún horizonte de este mundo.
– Hay que ajustar bien los aperos para cruzar, –dice mi abuela, con voz que es a la vez cierta e incierta, a los peones que nos guían.
El rumor del río no es de arrastrar las piedras que chocan unas con otras, sino rumor de algo que está mucho más allá y al fondo de lo que podamos comprender.
Es rumor de las aguas consigo mismas; es más conversación secreta y solitaria que cuando hablamos con alguien. Es un compartir disimulos entre las aguas arremolinadas y nefastas y la oscuridad tenebrosa.
Este leve fragor está mucho más allá incluso de lo que incluso el mundo sepa qué es. Está en la intimidad no enajenable del río, y en su ensimismamiento.
 
3. Prueba
de fuego
 
Nuestros ojos auscultan el cauce en la oscuridad. Es ancho y ondulado, que hace tumbos con sus aguas resonantes. Y en la adivinación verde azuladas.
Eso sí, rebrilla suavemente al ondear las aguas a la luz de las pocas estrellas que titilan, estremecidas en el cielo por lo que nos ven padecer en la duda de pasar o no pasar.
Hacia la otra banda nos esperan los cohetes que revientan en el cielo, puesto que es celebración en el caserío de Cachulla donde mi abuela tiene la mayor cantidad de tierras y es siempre la mayordoma de la fiesta del pueblo.
Por eso, nos esperan ollas humeantes de comida, como humitas, tamales y cachangas, mazamorra de Chiclayo y tajadas con alfajores. Nos esperan o nosotros llevamos los rezos de la velación y la misa, los estandartes de los santos para adornar la iglesia humilde. Nos esperan las mojigangas con sus sones y sus danzas, pero a costa de que pasemos esta prueba de fuego que nos plantea el destino.
 
4. Sus sordos
bramidos
 
Siento que los mayores flaquean, mientras yo imagino montado en mi caballo, cómo bajara un ángel que con sus alas y túnica vaporosa nos llevara uno a uno con cabalgadura y todo de una a otra banda flotando sobre las aguas. ¡Porque es atroz este río! Pero escucho la voz de mi abuela que ordena:
– ¡Que entre el Pablo y vea el sitio por donde podamos vadear! –Y lo dice sin distinguir cuál de los bultos en la oscuridad es Pablo.
Él es el hijo mayor del peón, un muchacho fuerte quien de un momento a otro se ha hecho alto, y hasta inmenso, a quien todas las mozas de la cocina miran de reojo, y le hacen chanzas. Pero él es candoroso en su mirar y en su respeto a los adultos.
Pablo está a mi lado. Se remanga las bastas de bayeta del pantalón en silencio. Y en su caballo, cogiendo una vara larga, trata de entrar al cauce sonoro que eleva sus sordos bramidos.
 
5. Al rato
regresa
 
 
Piafa el animal que acicateado por su jinete se interna, primero tratando de alzar altas las rodillas para asentar bien los pasos dentro del agua. Tienta el caballo con las patas el suelo para ver si es hondo.
El grupo, compuesto de doce, quince o veinte personas, esperamos expectantes. Vemos en un instante que Pablo no puede avanzar pues el agua lo arrastra. El caballo se encabrita. Está hundido hasta desaparecer la montura bajo las aguas.
Pero él felizmente sale, y vemos que pica al animal por la orilla buscando un vado un poco más arriba.
Y así, caballo y jinete, se pierden en la oscuridad.
– ¡Ha crecido fuerte desde la mañana que pasamos! –reitera solemne el padre del muchacho.
Por fin al rato regresa Pablo.
– Está fuerte la correntada, pero hay un sitio por donde podemos pasar.
 
6. Inapelable
y fatal
 
– A los niños hay que amarrarlos y que la soga del caballo sobre el cual van montados que los sujete muy fuerte un adulto, no vaya a ser que el animal se asuste y se vaya por otro rumbo.
– Todas las sogas amárrenlas a otros caballos. Así si alguien cae y es arrastrado los demás lo sujetan.
– ¡Y si morimos, morimos todos juntos! –Dice alguien, a quien pronto callan:
– ¡Encima, no seas ave de mal agüero! –Protestan varios, regañándole con voz airada.
– Sí, señora.
– Si el caballo es arrastrado que avise al adulto para que jale. –Es la voz autoritaria, inapelable y fatal de la abuela.
– ¡Y no se despeguen del grupo!
Con nuestras acémilas entramos siguiendo la senda que nos señala Pablo.
 
7. Aflora
la alegría
 
El agua nos moja los pies y los caballos resbalan en las piedras de fondo del río. Uno de ellos se ladea peligrosamente. Hay gritos de alarma.
– ¡Cuidado!
– ¡Pronto aquí!
– ¡La  niña Rosita se cae!
Mi hermana menor está en peligro pero no da ni un solo grito ni queja, sino al contrario, en vez de contraerse afloja toda la rienda para que el caballo tenga la libertad de maniobrar, mirando bien los ojos de la bestia. Y ahí está el Anselmo que la cuida y empuja para adelante.
Milagrosamente todo sale bien. Cruzamos el río. Y ya, al otro lado, en la orilla opuesta, los corazones alborozados dejan escapar un hondo suspiro, aunque estemos mojados por las aguas procelosas.
¡Pero aflora la alegría! Y ya se hacen bromas:
 
8. Es
una reina
 
– Ay, ay, mamita, protégeme y sálvame de este apuro. –Dicen que rogaba el Julián, pero eso no es cierto, más bien iba concentrado en los remolinos que hacen las aguas, y ¡en dónde metían las patas los mulos y caballos!
– ¡Ay, ay, virgencita, si salgo te prometo que me haré cura! –Dicen que clamaba el Antonio, pero eso es falso y él solo se ríe.
Pero el comentario general es:
– ¡Pero, qué serena y valiente es esta niña Rosita! Ya estaba flotando en el agua y ni un grito, ni una queja, al contrario picándole al caballo. ¡Que viva la niña Rosita!
– ¡Que viva! –Es el griterío
– ¡Cómo le aflojó la rienda al caballo! ¡Parecía una reina!
– ¡Es una reina!
– ¡Que viva nuestra reina!
– ¡Es una reina mi hijita! –Dice mi madre.
 
9. Un nido
de palomas
 
Y ya estamos a la entrada del caserío, en donde al divisarnos han empezado a reventar los cohetes. Y arranca la banda de músicos a tocar, elevando al cielo aires de fiesta.
Sin saber que somos sobrevivientes de no estar flotando en el mar, sobre todo en aquel mar incognoscible que es la muerte.
Mi abuela aún tiene tiempo para arrimar su caballo al lado del de mi hermana, a quien mira conmovida y extasiada, en medio del camino que huele a retamas.
Y la abraza emocionada.
– ¡Ya ves, eres una reina! –Le dice orgullosa.
 Pero ya se oyen más nítidos los compases de una diana detrás del grupo de casas recogidas en la llanura como un nido de palomas blancas en la noche aciaga.
 
 
Texto que puede ser reproducido
citando autor y fuente
 
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